17 DE ENERO DE 2010

ZUGARRAMURDI
IV CENTENARIO DEL AUTO DE FE

Texto y fotos: Fernando Hualde





En este año de 2010 vamos a conmemorar unos episodios que fueron tristes y dolorosos, y que afectaron principalmente a Zugarramurdi. Esta misma localidad nos espera ahora para que veamos el homenaje que tributan a sus antepasados acusados de brujería.

“Akelarre” es palabra vasca, con la que se define a las reuniones ilegales de brujas y brujos. Este vocablo, acuñado siglos atrás en Zugarramurdi, es hoy una palabra cuya acepción está reconocida a nivel internacional.
Evidentemente no hay que olvidar que Navarra ha sido, especialmente, tierra de brujería. Desde el año 1279, en el que una mujer de Tudela es condenada por dar yerbas, hay continuas referencias documentales de casos de herboleras, faytilleras, brujas, hechiceras, curanderas…, y quede claro que aunque lo pongo en femenino la realidad estuvo repartida entre los dos sexos. Lo peor de todo esto, lo peor de que hubiese personas que creyesen que otras personas de su entorno practicaban la brujería, es que en base a estas creencias fueron numerosas las personas que fueron quemadas.
Hubo quema de brujas en la Alta Navarra y en la Baja Navarra. El primer caso que encontramos documentado es en 1330 en San Jean de Pie du Port, en donde Jurdana de Irisarri fue condenada a morir en la hoguera acusada de herbolera.
Mientras que en la Alta Navarra el primer caso conocido es cuatro años más tarde, en 1334. Ese año fue quemada una tal Arnalda de Leysa, “porque con pociones mató a Sancho de Aurreberatsa, de Isaba, en Valle de Roncal”.




Procesos

A partir de ese momento se inicia una espiral absurda y triste, solo entendible desde la mentalidad de esa época. Y, dentro de esa espiral nos encontramos con varios procesos inquisitoriales de considerable gravedad. Los primeros de relevancia los vimos en 1525, que afectaron a Valcarlos, Burguete, Ituren, Ochagavía, Ezcároz, Esparza de Salazar, Garde y Uztárroz, con el resultado de la quema en Burguete (un lunes del mes de junio) y en Aoiz de varias personas procedentes de las localidades anteriormente citadas. Sabemos que, al menos, fueron quemadas ese año 15 personas del valle de Salazar y 8 del Roncal.
En 1539 asistimos a otro proceso que afecta principalmente al valle de Salazar, concretamente a Ochagavía y a Esparza. Se hablaba ya entonces de dinastías de brujos.
En 1569 se celebra en Pamplona el denominado Proceso de Burgui que si por algo se hizo famoso fue por que el principal encausado era un sacerdote de esa localidad roncalesa, Pedro de Lecumberri, al que se acusaba de presidir  en Burgui los akelarres, o ayuntamientos.
Poco después, en los años 1575-1576 se desata una nueva caza de brujas en la montaña de Navarra, y que en esta ocasión afecta principalmente a los valles de Arakil, Odieta, Burunda, Ulzama, Anué, Larraun y Améscoa.
Otro proceso muy curioso, y si digo curioso es por las extensas declaraciones, y a la vez fantasiosas, de los encausados, es el que se produjo en el año 1595 en el valle de Araiz.
Y luego vinieron, encadenados, los procesos de 1609, 1610 y 1612, que unieron en una misma causa inquisitorial a las localidades de Elgorriaga, Goizueta, Arraioz e Irurita.




Proceso de Logroño

Pero, sin duda, el caso más grave que hemos conocido es el que afectó de lleno a Zugarramurdi, y también en menor medida a otras localidades de su entorno, que derivó en el Auto de Fe que se celebró en la ciudad de Logroño los días 7 y 8 de diciembre del año 1610. Este Auto de Fe estuvo enmarcado dentro del denominado Proceso de Logroño (1609-1614), y afectó nada menos que a más de dos mil personas del Pirineo Navarro, en su mayoría de la parte occidental.
Del total de brujos y brujas examinados en Logroño por la Inquisición, 31 fueron sentenciados en el Auto de Fe (la mayoría vecinos de Zugarramurdi y Urdax), 65 resultaron reconciliados en el tribunal en virtud amparados por el edicto de gracia, y otros 6 fueron reconciliados una vez expirado el plazo de gracia.
La parte más cruel la encontramos en los 31 sentenciados. De estos, 11 de ellos fueron condenados a morir en la hoguera (cinco de los cuales ya habían muerto en prisión), otros fueron desterrados, y tampoco faltaron algunas cadenas perpetuas entre esos 31 encausados.
La diferencia entre estas muertes en la hoguera, y otras muchas que hubo en Navarra, la encontramos en las formas. Ya sé que todas ellas son absurdas, crueles, doloras e incomprensibles. Pero en este caso la irracionalidad humana fue más allá de lo imaginable. Hay que saber cerrar los ojos e imaginar lo qué pudo ser la lectura de una sentencia, con los encausados delante, y ante más de treinta mil personas que, en medio
del regocijo popular, celebraban en aquella plaza cada una de las piras incendiarias. Lo mismo que hay que saber imaginar la muerte tan cruel y dolorosa que tuvieron aquellas seis personas (cinco de Zugarramurdi y una de Urdax), teniendo en cuenta que para lo que ellos era dolor y sufrimiento, para aquellas decenas de miles de personas era regocijo y diversión. Y tampoco hay que olvidar que cinco de aquellas personas sentenciadas a morir en la hoguera ya habían muerto en la cárcel, lo que se tradujo en que en sus respectivas hogueras fueron arrojados sus restos mortales, caja incluida, lo cual suponemos no divertía tanto a los espectadores, pues carecía del morbo de verles retorcerse en gritos y dolores.
            Y esta, y no otra, fue la realidad que vivió Zugarramurdi hace cuatrocientos años. Estamos hablando de más de dos mil personas implicadas en toda esa parte de Navarra; y estamos hablando también de 300 personas encarceladas en Logroño con todo lo que eso supuso entonces para Zugarramurdi y otros pueblos afectados, ninguno de ellos en la misma magnitud que Zugarramurdi. El 27 de enero de 1610 comenzaron los encarcelamientos en la cárcel de Logroño; este mes se cumplen cuatro siglos del encarcelamiento de aquellas cuatro primeras mujeres de Zugarramurdi.




IV Centenario

            Este año de 2010 se cumplen cuatrocientos años exactos de aquél bochorno episodio. Más adelante, dentro de unos meses, en esta misma sección, hablaremos de lo que fue exactamente aquello, con nombres y apellidos, con datos, y sobre todo con mucho dolor.
            Cierto es que no hay nada que celebrar; ya se celebró entonces suficientemente en aquella plaza de Logroño. Pero que no haya que celebrarlo no quiere decir que no haya que conmemorarlo. Es obligado un homenaje y un recuerdo a aquellas personas que murieron en la hoguera, a los que sufrieron cadena perpetua, a los que sufrieron prisión, a los que fueron desterrados, a todos los procesados.
Zugarramurdi este año, más que nunca, es todo un símbolo. Y Zugarramurdi, desde hace muchos años, viene siendo además un ejemplo. Han sabido salvaguardar la memoria de aquello mejor que nadie. Y de la inevitable realidad de su desgracia, nunca buscada, han sabido hacer un homenaje permanente a través del Museo de la Brujería, y sabiendo también conservar esas cuevas y esos prados, escenario en otro tiempo de supuestos akelarres y conciliábulos.
2010 va a ser el año de Zugarramurdi. Allí tenemos una cita obligada, allí tenemos algo que conmemorar, allí pasó lo que nunca quisimos que pasase. Cierto es podemos escribir sobre todo esto, y seguro que se escribirá mucho, pero yo recomiendo a los colegios, a los clubs de jubilados, a los diferentes colectivos culturales, acercarse este año a esta localidad; que sus actividades incluyan Zugarramurdi. Está todo preparado para poder percibir y sentir qué es lo que allí se vivió hace ahora cuatrocientos años. Y lo que es mejor, todo está preparado con mimo, con detalle y con mucho cariño, precisamente por los descendientes de aquellas personas que sufrieron en sus carnes tan penosa situación, por personas que siguen dando vida a las mismas casas que aquellos habitaron, y con su misma sangre.



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